Archivos Mensuales: marzo 2016

Las emociones

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Quizá este es el tema para mí más importante a tratar en mi vida diaria. Creo que casi todos en más de una ocasión nos vemos atascados en alguna emoción que nos paraliza o comportándonos de alguna forma que no nos gusta porque debajo estamos tapando lo que realmente sentimos, o también evitando alguna circunstancia concreta porque nos hace sentirnos mal.

Desde pequeños no aprendemos a gestionar nuestra rabia, si no que “eres malo” si sientes enfado y lo expresas. Ni tampoco nuestra tristeza porque “eres débil” si lloras, o ¡ qué feo/a te pones cuando lloras!. En el mejor de los casos, la alegría siempre está permitida, pero tapando lo que hay debajo o tampoco sintiéndola mucho no vaya a ser que venga algo malo detrás.

Durante el embarazo, nuestro ciclo emocional es una montaña rusa. Nuestras hormonas, los cambios y que se activa la parte más primitiva del cerebro trayéndonos al presente cosas del pasado que se han quedado guardadas en algún lugar del inconsciente, convierten el día a día en algo milagroso por momentos y en el otro extremo del péndulo en una gran ansiedad.

Durante el parto, emociones como el miedo y la alegría van de la mano y también en ese baile sucede cada contracción y cada momento de él, arrastrándonos por momentos. Y finalmente, en el intenso postparto, el no dormir en algunos casos, los nuevos ajustes, los llantos, el conocer a tu bebé, el nadie me entiende, la casa, la lactancia, la pareja… todo se desbarajusta y el caos deja paso a sentimientos de culpa por creer que no lo estás haciendo bien o no era como pensabas, a miedo por no ser capaz de sostenerlo y a rabia porque cómo puedo estar sintiendo todo esto si es el momento más maravilloso de mi vida. Dejando finalmente un poso  de tristeza que también acallada, porque “no se debe de sentir” todo lo que se está sintiendo puede afectarnos y provocarnos la depre.

Como veis, somos muchas mamás las que pasamos por todo esto y en cuanto quedas con alguna de ellas y puedes abrir tu corazón a expresar todo lo que estás sintiendo, un gran alivio te invade, ya que no somos las únicas, ni somos raras, ni estamos mal de la cabeza, je je je. Cada vez más, por suerte, se le pone voz a cada emoción y sentimiento para ser expresado y dejarlo estar, que nos traiga su aprendizaje y que se marche…

¿Cómo nos puede ayudar Mindfulness aquí?

Cuando entrenamos la meditación y llegamos a un nivel de autoconocimiento y conciencia donde podemos descubrir qué nos pasa, cuando surge la emoción podemos reconocerla como tal, sin juzgarla, permitirla y dejarla ir.

Normalmente la mente hace esto:

Siento rabia- es que fíjate cómo está la casa y no puedo, y si no puedo soy mala madre porque tendría que poder con todo ahora que estoy en casa, pero nadie me ayuda, y encima el bebé quiere todo el rato teta y no tengo tiempo y no debería de enfadarme porque tengo que estar feliz para mi bebé, etc, etc ,etc. Se perpetúa la rabia porque la escondemos debajo de la alfombray luego… viene el llanto desconsolado de la impotencia y la tristeza y del no puedo más…

Cuando practicamos Mindfulness dejamos que la rabia esté ahí sin querer cambiarla ni hacer nada. Solo le damos permiso para que se manifieste, sin juzgarla, respiramos con ella, la miramos de frente y normalmente se va… No hay que guardarla porque es lícita, porque tengo derecho a sentirla y me lo permito y no me juzgo por ello. Solo es una emoción.

En los principios de Mindfulness, cuando se habla de dejar ir, no solo se lleva a cabo con lo malo, si  no también con lo bueno. A la mente también le encanta quedarse solo con lo bueno y obviar todo lo demás. O convencernos a nosotros mismos de algo, volviendo a tapar lo que puede haber realmente. Entonces, cuando meditamos, permitimos que tanto lo que llamamos bueno y malo estén, sin quedarnos con ninguno de ellos, dando paso a la danza del momento presente donde cada cosa va y viene y podemos ser testigo de ello.

Comparto este cuento que a mí me ayudó a comprender…

 

 

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Sobre el cambio y la incertidumbre…

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Una de las cosas que más sufrimiento produce a nuestra mente es el cambio.

Desde el Budismo, donde se hayan las raíces del Mindfulness, se parte de la base de que todo es impermanente. Nunca un momento es igual a otro, porque nosotros no estamos igual, el mundo va girando a su ritmo, nuestro cuerpo va haciendo sus funciones, si comemos está de una forma, si duerme de otra, cambia el día, las estaciones, los minutos, el humor…

Aquí radica una de las principales cuestiones por las que la meditación nos es útil para nuestro día a día. Vivimos buscando una estabilidad, hacemos planes, rutinas, queremos controlar cada cosa que suceda porque eso nos hace sentirnos “seguros”. Encendemos el piloto automático de nuestro día a día y de alguna manera nos encorsetamos en como deberían de ser las cosas para estar bien. Y, ¿qué sucede a partir del primer momento de la fecundación? que todo empieza a cambiar y casi nada es igual a lo que habíamos creado en nuestra fantasía…

Aquí utilizo otro elemento de Mindfulness que es el NO JUZGAR. Y en este caso se trata de darnos cuenta de cómo, si prestamos atención, todo nuestra experiencia está definida con ideas y opiniones automáticas que tenemos de casi todo. Si una cosa no sale como esperamos “está mal”. Si sale tal cual “está bien”. Y no solo es el pensamiento, visto desde fuera me pregunto ¿y qué de malo tiene? y ahí viene el juicio… Es la emoción que nos vuelve a traer.

Durante el embarazo y puerperio pueden surgir tantas cosas que no habíamos planeado, que si nos dejamos llevar por los juicios de cómo debería de ser estos momentos, o cómo dicen que debe de ser, o cómo tendría que sentirme y no me siento, o cómo debería de estar mi cuerpo y no está… nos sentimos en una fuente de sufrimiento inagotable.

Es difícil, lo sé, pues me pesco en esa corriente de pensamiento cada día que pasa desde que me quedé embarazada. Y sucede que la experiencia de cada mujer, aunque físicamente los mecanismos de nuestro cuerpo para embarazarse y desembarazarse sean iguales, cada una lo hace a su manera, tiene sus vulnerabilidades, quiere vivirlo de una manera o de otra, siente de una manera u otra y nada es bueno o malo, ni mejor o peor.

Gracias a la gran cantidad de información que hay, todas las opciones y sobre todo las ganas que nos surgen a cada una para abrazar este momento de cambio en nuestra vida, la experiencia que nos toca es la que nos va a enseñar lo que necesitamos en cada momento.

Mi propuesta es abrazar el cambio y el no saber. Abrirnos al proceso e ir eligiendo en cada momento según la circunstancia, más que pensar si es bueno o malo (siempre dentro de los límites y sentido común, ¡claro!).

A mí me va funcionando 🙂

 

 

Un abrazo grande y ¡ánimo! se necesitan solo 21 días para crear una nueva red neuronal en nuestra cabeza y aprender un hábito nuevo…

Mindfulness y Aceptación

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Hola a todos!!

Me gustaría ir hablándoos de los principios y fundamentos de Mindfulness y cómo nos pueden ayudar en esta etapa de nuestra vida.

Hoy voy a empezar con la Aceptación porque estos días ha estado muy presente en mi experiencia y así, fresquito, es más fácil poder transmitiros su valor y utilidad.

Jon Kabat-Zinn dice de ella que “Significa entender el modo en que las cosas son como son y descubrir el modo más sabio de relacionarse con ellas y actuar, con esa visión clara, en consecuencia.

La diferencia también de la resignación pasiva, ya que cuando uno acepta lo que es, la conciencia puede ayudarte a tomar perspectiva de la situación y por lo tanto, un punto de partida diferente que te lleva a una acción diferente. Si no lo aceptas, surge la lucha y y nos paraliza dejándonos sin saber que hacer, o por el contrario, emprendiendo una acción reactiva que nos lleva a la misma situación una y otra vez y nos hace sentir peor.

Os pongo ejemplos prácticos:

Mi pequeña se despierta muchísimo por la noches desde hace meses. A partir yo creo que de los 3 (y ahora tiene 14) las noches se han convertido en desvelos constantes. Gases, dientes, mocos… por lo tanto mi descanso se ha visto relegado a un segundo plano, je je. Cuando os hablo de varios despertares, puedo deciros que a veces el tiempo entre uno y otro son 10 minutos… algo difícil. Esta situación pone al cuerpo un poco al límite, porque luego ajustar el ritmo diario a ella también es complicado y luego está la casa, la pareja, lo social, lo laboral…

La mente dice todo el rato: tienes que dormir, necesitas descansar que si no, no vas a poder; vas a estar mal; nunca más vas a poder dormir; esta situación es inaguantable; viene la abuela a recordarte las ojeras que tienes, etc, etc.  Y cada vez que me despierto, todos esos pensamientos generan lucha, impotencia, rabia porque quiero y no puedo, y mientras tengo a mi peque en brazos intentando darle el consuelo que necesita. Al día siguiente, con mi cuerpo cansado, sigo con toda las rutinas y frentes y mi mente me sigue diciendo que estoy cansada, que no llego, me duele el cuerpo, la cabeza, y me siento más cargada aún.

Y lo que me ha ido devolviendo la experiencia es que puedo. Puedo levantarme mil veces por la noche, y aún cansada, darme cuenta de este discurso y estar ahí presente con las necesidades que surjan.  Si lo hago desde la lucha o la rabia, dejo fuera la responsabilidad ( lo que llamamos culpa) en mi bebé por despertarse, en mi pareja por no ocuparse o ayudarme en otras cosas, al mundo…; y si lo acepto, puedo pedir ayuda, organizarme y tomar decisiones con respecto a qué hacer para descansar algo más. Buscar soluciones, alternativas y dentro del caos, sentirme lo mejor posible.

Ésto, le sucede a muchas mamás y papás, no es un caso aislado. Lo que quiero sacar a la parte consciente, es la emoción y el pensamiento que se desencadena que de manera instintiva aceptamos para poder atender a nuestro bebé de la manera más coherente. Hay un mecanismo, sobre todo en las mamis los primeros meses, en el que el cuerpo genera una cantidad de endorfinas y oxitocina que, aunque hayas dormido dos horas, te sientes fenomenal. Pero cuando van pasando los meses, el cansancio va saliendo a la luz y se hace más cuesta arriba. La parte emocional nos desajusta y nos hace sentir peor aun porque ¡qué mala madre soy que encima que mi bebé me necesita yo me enfado! ni mucho menos…

Nuestra mente funciona así, y dándonos cuenta podemos soltar carga innecesaria del día a día, pues los pensamientos que tenemos acerca de una situación concreta la condiciona a través de la emoción que nos produce.

Y añado, cuídate. Piensa cuando tu bebé necesita algo y como le ayudas a que se sienta mejor. Pues igual contigo mism@… Sé bondadoso y compasivo, pues, el camino de la maternidad y paternidad es un camino de aprendizaje y nuestros peques nos enseñan y devuelven tanta aceptación y amor que realmente tenemos los maestros en casa.

 

Gracias por estar ahí…