Archivos Mensuales: octubre 2016

Momentos zen…

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Me refiero a momentos zen-tada… ese final del día en el que paras, te sientas y no recuerdas cuando fue la última vez que lo hiciste.

 

“Esto no me lo habían contado” me comentan dos amigas en dos conversaciones distintas, y es que son muchísimas necesidades por cubrir. Y luego, si tienes suerte y tu bebé es uno de esos del 15% que dice Rosa Jové en su libro “Dormir sin lágrimas” de los que duerme de tirón, sabes que vas a descansar. Si eres del otro 85%, cuando llegas a la cama solo puedes pensar en “a ver si hoy puedo dormir dos horas seguidas”.

 

Como podréis intuir, es mi caso. Por temporadas, mi peque tiene estas malas noches que se acumulan una tras otra. Normalmente coincide con algún diente, o varios, que deciden hacer su aparición muuuuuy despacito. A partir del año y medio mejoró su sueño, pero antes, entre despertares, teta, gases, y los primeros dientes, las noches eran una odisea. Me preguntaba realmente cómo mi cuerpo era capaz de soportarlo, porque el ritmo diario era intenso y en las noches apenas descansaba.

 

Hablo con muchas mamis sobre casos similares y tenemos una herramienta realmente fabulosa que se adapta a cualquier circunstancia: nuestro cuerpo. Es capaz de estar por el día atenta a todas las necesidades, y por las noches puede seguir sosteniendo lo que sucede. En este caso nuestra amiga mente, que pasa tantas horas de actividad,  juega un papel importante puesto que ella es la que juzga la experiencia y hace que sea más o menos llevadera. La exigencia nos llama a la puerta, para que seamos “perfectas”; la “culpa” nos da con el látigo por no haber hecho más o mejor; el miedo de que algo no vaya bien y de las consecuencias de no dormir; la desesperación porque no sabes cuánto va a durar; la incomprensión del exterior y la falta de reconocimiento; y la soledad de las noches eternas de desvelo de las que nadie te puede salvar. Y en vez de respirar y sentirnos satisfechas, nos vamos a la cama con la duda de si vamos a dormir y con el enfado de todo lo que no hacemos o somos.

 

Esta es la maraña que yo me he encontrado varias veces y por eso os la comparto.

 

Esta noche, también os comparto algo que a mí me sirve y es una meditación muy sencilla que cuando la incorporas no es “otra cosa más que hacer”.

 

Solo se trata de tumbarte en tu cama boca arriba y, antes de coger la postura para dormir, sentir todo tu cuerpo. Hacer varias respiraciones profundas y sentir que cada vez está más y más relajado.  Normalmente, de tanta actividad, cuando me tumbo siento mucho cosquilleo en las piernas. Me centro en esa sensación y voy subiendo hacia arriba, relajando el útero, pelvis y sacro. Subo por la columna hacia detrás de mi cabeza. Aflojo los hombros, la frente… y me digo que está todo bien. Miro a mi alrededor y veo a mi hija y a mi pareja. Agradezco la salud, la energía que cada día tengo para llegar a situaciones ilimitadas. Agradezco tener un hogar y formar parte de él. Agradezco tener para comer y poder alimentar a mi pequeña también. Agradezco las ganas de empezar un día nuevo para seguir aprendiendo cosas y creciendo como madre y persona. Agradezco la rabia, la impotencia y el miedo, que me recuerdan que estoy viva y que he elegido un camino que necesita mucho coraje. Y agradezco el amor que detrás de todo, está en cada pequeño gesto, y cuando se despierta y se echa encima de mí para darme un beso… se olvidó lo demás.

 

Ánimo, la verdad es que todo va a pasar y estamos llenos de recursos y de una fuerza ilimitada.

 

Os dejo una canción de Devakant, una lluvia de flores y frescura para este momento…

 

 

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De vuelta

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Han pasado ya unos meses desde la última entrada. A veces necesito parar y vivir lo que toca… que no es poco. Vuelvo con ganas de compartir más cosas  y en este caso, lo que me impulsó de nuevo a escribir ha sido una experiencia muy especial que he vivido este pasado fin de semana.

Fui invitada a un evento que se realiza en El Cortijo Los Baños Al Hamam, en Almería, de Familias en ruta. Un proyecto que nació de la mano de Susagna Galindo y Max López, padres de dos hijos con los cuales ha emprendido muchos viajes, rompiendo su rutina, la comodidad de un trabajo fijo y una estabilidad, para vivir juntos experiencias, buscar otro tipo de vida y opciones y crecer como padres y personas. El evento se llama “Viaje Interior” y en mi opinión después de haber estado allí, es un trazado hacia el corazón de uno mismo entrelazado con el corazón de otros. Me encantó.

Compartí un taller sobre masaje y meditación para muchos papás y mamás con sus peques (y no tan peques) ya que la finalidad de los encuentros, a parte de compartir juntos actividades, tienen como motor el crecimiento personal y se realizan actividades juntos y por separado con diferentes temáticas. En este caso, viajamos al cuerpo, tocándonos con la mirada, con la voz, con las manos, con historias, con música… y desde dentro.

La experiencia ha sido muy enriquecedora. Me emocionó mucho ver a tantas familias presentes en cada propuesta y como madre, valoro a cada valiente que recorre el camino hacia dentro para mejorar lo que le rodea y crear un presente más pleno y contribuir al futuro de alguna manera. La maternidad y paternidad es una grandísima oportunidad y el amor hacia los peques es una grandísima gasolina. Es urgente que nos amemos, que hagamos algo por nosotros que nos nutra y nos haga felices para entender que nosotros también fuimos niños y volver a sentirnos vivos. Que la incondicionalidad tan grande y la inocencia tan inmensa que emanan solo se sostiene cuando podemos vernos en sus ojos con el mismo amor. Y que nos necesitan, necesitan nuestro acompañamiento en totalidad… Una gran tarea!

Os invito a viajar por la página y por alguna de sus propuestas!

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Gracias por vuestra iniciativa, por vuestra invitación y por trazar esas rutas diferentes porque… no hay nada como el amor como medio de transporte.