Momentos zen…

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Me refiero a momentos zen-tada… ese final del día en el que paras, te sientas y no recuerdas cuando fue la última vez que lo hiciste.

 

“Esto no me lo habían contado” me comentan dos amigas en dos conversaciones distintas, y es que son muchísimas necesidades por cubrir. Y luego, si tienes suerte y tu bebé es uno de esos del 15% que dice Rosa Jové en su libro “Dormir sin lágrimas” de los que duerme de tirón, sabes que vas a descansar. Si eres del otro 85%, cuando llegas a la cama solo puedes pensar en “a ver si hoy puedo dormir dos horas seguidas”.

 

Como podréis intuir, es mi caso. Por temporadas, mi peque tiene estas malas noches que se acumulan una tras otra. Normalmente coincide con algún diente, o varios, que deciden hacer su aparición muuuuuy despacito. A partir del año y medio mejoró su sueño, pero antes, entre despertares, teta, gases, y los primeros dientes, las noches eran una odisea. Me preguntaba realmente cómo mi cuerpo era capaz de soportarlo, porque el ritmo diario era intenso y en las noches apenas descansaba.

 

Hablo con muchas mamis sobre casos similares y tenemos una herramienta realmente fabulosa que se adapta a cualquier circunstancia: nuestro cuerpo. Es capaz de estar por el día atenta a todas las necesidades, y por las noches puede seguir sosteniendo lo que sucede. En este caso nuestra amiga mente, que pasa tantas horas de actividad,  juega un papel importante puesto que ella es la que juzga la experiencia y hace que sea más o menos llevadera. La exigencia nos llama a la puerta, para que seamos “perfectas”; la “culpa” nos da con el látigo por no haber hecho más o mejor; el miedo de que algo no vaya bien y de las consecuencias de no dormir; la desesperación porque no sabes cuánto va a durar; la incomprensión del exterior y la falta de reconocimiento; y la soledad de las noches eternas de desvelo de las que nadie te puede salvar. Y en vez de respirar y sentirnos satisfechas, nos vamos a la cama con la duda de si vamos a dormir y con el enfado de todo lo que no hacemos o somos.

 

Esta es la maraña que yo me he encontrado varias veces y por eso os la comparto.

 

Esta noche, también os comparto algo que a mí me sirve y es una meditación muy sencilla que cuando la incorporas no es “otra cosa más que hacer”.

 

Solo se trata de tumbarte en tu cama boca arriba y, antes de coger la postura para dormir, sentir todo tu cuerpo. Hacer varias respiraciones profundas y sentir que cada vez está más y más relajado.  Normalmente, de tanta actividad, cuando me tumbo siento mucho cosquilleo en las piernas. Me centro en esa sensación y voy subiendo hacia arriba, relajando el útero, pelvis y sacro. Subo por la columna hacia detrás de mi cabeza. Aflojo los hombros, la frente… y me digo que está todo bien. Miro a mi alrededor y veo a mi hija y a mi pareja. Agradezco la salud, la energía que cada día tengo para llegar a situaciones ilimitadas. Agradezco tener un hogar y formar parte de él. Agradezco tener para comer y poder alimentar a mi pequeña también. Agradezco las ganas de empezar un día nuevo para seguir aprendiendo cosas y creciendo como madre y persona. Agradezco la rabia, la impotencia y el miedo, que me recuerdan que estoy viva y que he elegido un camino que necesita mucho coraje. Y agradezco el amor que detrás de todo, está en cada pequeño gesto, y cuando se despierta y se echa encima de mí para darme un beso… se olvidó lo demás.

 

Ánimo, la verdad es que todo va a pasar y estamos llenos de recursos y de una fuerza ilimitada.

 

Os dejo una canción de Devakant, una lluvia de flores y frescura para este momento…

 

 

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Acerca de descubriendotumaternidad

Me llamo Tamara, soy licenciada en Psicología y Experta en Mindfulness, Desarrollo personal, Conciencia plena y Educación consciente por la Ual; Maestra de Reiki y formada varios años en Masaje Integrativo y Arun Tacto Consciente, aunque sin duda lo más importante y lo que le da sentido a toda esta teoría ha sido la experiencia de ser madre. Mi pequeña me recuerda cada día lo importante que es estar presente en cada cosa que sucede, aprender a escuchar y desaprender todo aquello que me hace tropezar una y otra vez en el camino y motivarme a mejorar.  Desde que me quedé embarazada hasta ahora, no puedo dejar de observar y de maravillarme por el milagro tanto físico como psicológico y emocional que transforma la vida en un camino intenso, a veces más o menos fácil, y al que merece la pena traer toda la consciencia posible. Así que con todo ello, te propongo mirar la vida que se mueve en tu interior ofreciéndote un espacio neutral donde poder observarte, conocer qué sucede en cada momento y donde poder comaprtir esta experiencia en la que nos podamos nutrir como madres, como mujeres y como parejas (también van incluidos los papás que son una pieza muy importante en el proceso). 

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